La Contra de La Vanguardia

2007 La Vanguardia
MERCEDES NAVARRO · RESTAURANTE
"He estado feliz haciendo felices a los que quiero".

Hago 73. Nací en Olesa de Montserrat y vivo en Barcelona. Estoy divorciada, tengo 6 hijos y 7 nietos. No estudié, pertenezco a esa generación de mujeres que estaban preparadas para ser buenas mujeres de casa. La igualdad y la tolerancia es mi credo. Soy de izquierdas. Yo era católico practicante. Hoy creo más en la gente que en lo que no veo.

-¿De quién aprendiste a cocinar?
De mis padres. Era una casa sencilla, pero todavía comíamos judías verdes al dente. Antes de abrir la tienda de comestibles trabajaban en fábricas textiles, así que se repartían entre ellos los trabajos del hogar y la atención que necesitaba.

-Eso no era muy habitual durante ese periodo.
No, y creo que ese equilibrio me ha servido para el resto de mi vida.

-¿Cuándo descubriste que la vida es complicada?
Muy rápidamente. Cuando tenía siete años, dos de mis hermanos murieron en muy poco tiempo: uno después de nacer y el otro cuando él tenía cuatro años. Fue muy doloroso. Me convertí en una chica triste y reflexiva.

-¿Y tu adolescencia?
En los años 50 mis padres decidieron trasladarse a Barcelona para que sus hijos -por ese momento habían nacido otros dos y llegara otro- tuvieran más oportunidades, y lo hicimos. Por mis padres y por mí, mientras trabajábamos para promocionarlos, nos costó adaptarnos y nos costó avanzar.

-¿Cuándo fuiste de casa?
Me enamoré muy joven, pero fueron años de esperanza: esperanza de que todo cambiara, queríamos cambiar el régimen, la sociedad. También queríamos prepararnos para casarnos... queríamos tener muchos hijos.

-Y los tuviste.
Seis. Fueron años de esperanza y felicidad hasta que algo salió mal. Quedé muy decepcionada y decidí divorciarme, tenía unos 40 años. Me sentía muy poco preparada para mantener la familia, pero siempre que he tenido dificultades, he crecido.

-¿Tu exmarido no asumió la responsabilidad económica de tus hijos?
No luché por eso. Cuando pensé que ya no me amaba, sólo quería que se marchara.

-¿Y nunca volviste a vivir más con nadie?
Me dije que nunca más volvería a vivir con nadie, si amar tanto y haber dedicado tantos años me hubiera salido tan mal, repetirlo era imposible: volver a querer tanto, volver a depender tanto de alguien.

- ¿Cuál es tu conclusión sobre el amor?
Admiro a las parejas que llegan a la vejez queriéndose, porque es muy difícil.

-¿Cómo mantuviste seis hijos?
-Trabajé en una inmobiliaria de unos amigos, buscando inversores, y cuando pude ahorrar algo abrí el restaurante. Sabía cocinar, pero no lo que era un restaurante. Pensé que lo haría como si vinieran amigos en mi casa.

-¿Y funcionó?
La verdad es que sí. Creo que para tener un buen restaurante debes pensar que estás cocinando para alguien que quieres mucho. Hay que cocinar con mucho amor.

-Aun así no debe ser fácil.
Empecé con mucho menos dinero del necesario, así que tuve que esforzarme mucho, y eso me ayudó porque me concentré en hacerlo bien. Al principio éramos todas mujeres, unas trabajaban la mitad del día y otras de noche, por lo que podían cuidar de su hogar.

-Una pionera.
Una lástima, porque con el tiempo esos sueldos dobles se hicieron impensables para mí. Pero esa cocina de mujeres era deliciosa, había esperanza, comprensión e ilusión.

-¿Y cómo lo hiciste con seis hijos?
Trabajé día y noche. Fue difícil.

-¿Qué ha sido difícil en la vida?
Siempre estoy contento con lo que hago, pongo mucho interés en vivir cada día, en disfrutar de lo que estoy haciendo, que estoy bien. Cuando tenía 15 años diría que ésta era la mejor edad, ya los 30 también, ya los 50; y ahora también lo digo.

- Casi me da envidia.
No ha sido fácil, he renunciado a muchas cosas, pero no ha sido demasiado difícil porque lo he hecho con agrado, y eso me quita buena parte de la dureza de la vida. Para mí, abrir las puertas del restaurante y hacer entrar a gente, sin tener que buscarlos, para mí es bonito. Podríamos decir que saber que la vida es difícil hacerlo es menos.

-Pero no te has conformado.
No, he forjado mi vida, he abierto un camino sin amargura. Siempre me ha dado la sensación de estar delante de un carro que tenía que echar, pero ha sido agradable de hacer. Y he tenido muchas compensaciones.

- ¿Cómo es esto?
Lo paso bien leyendo, aprender es un placer para mí y me gusta rodearme de gente mejor que yo, precisamente para entenderlos. Pero cuando era mujer de casa y en vez de leer tenía que hacer ropa para mis hijos, también lo pasaba bien, no me cuestionaba la vida, la viví.

- ¿No te has sentido sola?
Tengo excelentes amigos de largo recorrido, seis hijos maravillosos que han sido el que más me ha interesado de mi vida y siete nietos los que me llenan de felicidad.

-¿Cuáles son las mayores lecciones que te ha dado la vida?
Comprender a los demás, aprender a escuchar. He descubierto que hacer felices a las personas que amas puede ser feliz en sí mismo. Y creo que es importante vivir el presente, el pasado sólo sirve de referencia, y lo que está por llegar, lo encontrarás más tarde.

-¿Qué quieres para tus nietos?
– Me gustaría que mis nietos, y todos los nietos del mundo, encontraran un mundo más justo e igualitario, y que pudieran disfrutar en paz de la belleza de nuestro planeta.

FELICIDADES

Hoy es el día de Mercè. Un buen día para celebrar a Gaudí y a todos los que hicieron posible el Palau de Música y el Liceu… y para no olvidar que tener muchos restaurantes de comida rápida no nos hace más cosmopolitas. Pero, sobre todo, es el día de todas esas personas anónimas: la gente de la posguerra, los jóvenes que tuvieron que vivir en un país deprimido y represivo, un país en blanco y negro. Pueblo honrado que no estudió maestría, pero con tesón y esperanza dio origen a esta ciudad; con sus restaurantes, sus negocios, sus salas de baile, sus teatros. Personas acogedoras, tolerantes y con valores. Felicitaciones y gracias. Mercè Navarro es una de ellas. Su restaurante cumple 25 años. La historia del Roig Robí fue un sueño necesario, y su historia una lección de amor.

2007 La Vanguardia

La Vanguardia. La Contra
24_09_2007

Text: Ima Sanchís